| La seguridad alimentaria |
| Escrito por Carlos A. Valderrama, presidente, Fundación País Futuro, Bogotá, Colombia |
| Sábado, 05 de Septiembre de 2009 00:00 |
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Introducción La idea de asegurar la alimentación de los seres humanos es tan antigua como ellos mismos. Relatos bíblicos ilustran las inversiones en silos para almacenar granos y asegurar la alimentación en época de sequía o escasez. En tiempos modernos, Thomas Malthus avanzó en el siglo XIX la teoría de que la producción de alimentos no podía crecer al mismo ritmo que crecía la población mundial, llegando a un momento donde la población no encontraría recursos para su subsistencia. La noción de Malthus desató un cúmulo de estudios sobre la dinámica poblacional y su ensayo sobre el principio de la población se considera como el punto de partida de la demografía. El incremento substancial de la producción de alimentos a partir de la mitad del siglo XX causada por la invención de nuevas tecnologías asociadas al uso de fertilizantes y pesticidas sintéticos, creó dudas sobre la teoría Malthusiana de la falta relativa de alimentos a nivel planetario, pero la continuación del hambre y la malnutrición en vastas regiones del mundo, mayormente en Africa y Asia, generó un nuevo acervo de preguntas cuyo centro giró alrededor de la distribución de conocimiento sobre la producción de alimentos, la distribución de los factores necesarios para la producción de alimentos, principalmente la tierra y el agua, los mecanismos de formación de precios de los productos agrícolas y la habilidad de las poblaciones pobres de producir sus propios alimentos o generar el ingreso necesario para adquirir alimentos. Iniciado el Siglo XXI, se ha hecho evidente el impacto del uso de recursos naturales sobre la temperatura del planeta, el agua, el aire, y la fertilidad de la tierra arable, permitiendo una formulación más amplia de la teoría Malthusiana donde el uso de los recursos naturales renovables y no renovables es limitado. Las definiciones del problema A raíz de la Cumbre mundial de la alimentación celebrada en 1996, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) definió que existe seguridad alimentaria a nivel individual, familiar, nacional, regional y global "cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfagan sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarías para llevar una vida sana y activa". De acuerdo con el Departamento de agricultura de Estados Unidos, la seguridad alimentaria tiene dos caras: por un lado, la existencia disponible de alimentos sanos y nutricionalmente adecuados, y por otro, la habilidad garantizada de poder adquirir alimentos adecuados de una manera aceptable (sin tener que recurrir a alimentos de emergencia, las donaciones, la indigencia, el robo u otros métodos similares). Durante la citada cumbre mundial, los gobiernos miembros de la ONU adoptaron el compromiso de rebajar para el 2015 los niveles de hambre en un cincuenta por ciento tomando como base la cifra promedio de 842 millones de personas con hambre crónica y desnutrición en 1990-92. En 2008, un reporte de la FAO sobre El estado de la inseguridad alimentaria determinó que en 2007 el número de personas con hambre crónica y desnutrición en el planeta era de 923 millones. Se estima, igualmente, que alrededor de 2 mil millones de personas no tienen seguridad alimentaria. Insumos para la producción agrícola de alimentos El acceso a agua potable hace parte de la seguridad alimentaria, y las cantidades de agua potable disponible son limitadas. Se estima que 1.100 millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua potable (www.worldwatercouncil.org) y que cada año mueren tres y medio millones de personas por enfermedades relacionadas a la falta de agua (www.water.org). De comparable importancia, el agua es vital para la productividad agrícola. A medida que el agua dulce se hace escasa la probabilidad de una crisis agrícola mundial se hace más alta. De acuerdo con el World Water Council, el 66 por ciento del uso total de agua dulce en el mundo se utiliza para la irrigación agrícola, el 20 por ciento se utiliza en procesos industriales, el 10 por ciento para uso doméstico, y el restante 4 por ciento se evapora. La falta de agua suficiente ya es evidente en Estados Unidos y México, este de Australia, norte de Africa, Medio Oriente, sur de Asia, y sur y centro de Europa. Las bien conocidas sequías de Australia que causan impacto en los mercados agrícolas internacionales cada vez que suceden, son un recordatorio de los impactos sobre la producción agrícola mundial que pueden suceder ante sequías en India y China donde el agua escasea. China ya presenta un déficit de granos asociado con las limitaciones de agua. Tierra El 10 por ciento de la superficie terrestre esta catalogado como tierra arable. Un alto porcentaje de la totalidad de la tierra arable esta siendo explotada, con excepción de un pequeño porcentaje no explotado por incluir tierras muy inclinadas, muy húmedas, muy secas, o muy frías. El porcentaje de tierra arable que se cultiva anualmente ha estado en aumento (2% promedio anual desde 1960) debido esencialmente a la deforestación del planeta. No obstante, dos factores contrarrestan el aumento de la tierra arable: degradación de la tierra – como resultado métodos intensivos de cultivo – y el aumento del uso de la tierra para sostener el crecimiento urbano (Human Appropriation of the World Food Supply, University of Michigan – www.globalchange.umich.edu). Un factor contribuye al uso no eficiente de la tierra. El cambio en las legislaciones nacionales de muchos países en desarrollo en torno a la tenencia de la tierra ha encausado el apetito por la tenencia de tierras fértiles en países pobres. Como resultado, los gobiernos e industrias privadas de países ricos han estado adquiriendo tierras fértiles en países pobres con el fin de asegurar su oferta de alimentos en el futuro y, en al menos algunos casos comprobados, cultivar en el presente para la producción de substitutos del petróleo (alcohol). De acuerdo con el PNUD, 80 por ciento de los 2500 millones de campesinos en el mundo son ocupantes de la tierra que cultivan por costumbre, sin titulo alguno, es decir ocupan tierras del estado. De la misma manera, se estima que el 89 por ciento de los bosques del mundo pertenecen al estado y por tanto las comunidades, en esencia comunidades originarias, que utilizan los bosques no tienen títulos de propiedad sobre ellos. Como resultado, el PNUD estima que 40 por ciento de los conflictos internos en países miembros son causados por la tenencia de la tierra. Cambio Climático De acuerdo con el reporte de la ONU sobre el clima, los glaciares del Himalaya que constituyen la fuente de agua más grande de Asia, pueden desaparecen en el año 2035 como consecuencia del incremento de la temperatura promedio del planeta. Similares apreciaciones existen con respecto a las montañas Rocosas en estados Unidos. Los efectos del cambio climático incluyen variaciones en los patrones de las lluvias, aumentos de los niveles de los océanos, cambios en los patrones de sequías y tempestades tropicales, e impredecibles cambios en las pestes y enfermedades agrícolas. Todos estos factores tienen un efecto directo sobre la productividad agrícola y la sostenibilidad de la superficie arable. De acuerdo con el Stern Review, cada aumento de 1 a 2 grados centígrados en la temperatura promedio del planeta se traduce en un aumento de 220 millones de personas en pobreza extrema. Políticas nacionales y políticas globales El economista Indio Amartya Sen observó que no existe un problema alimentario apolítico. En efecto, la mayoría de gobiernos en el mundo dan prioridad política a sector urbano dado que allí se encuentran los individuos y empresas de más influencia y poder económico. En las últimas décadas, las políticas agrarias nacionales en varios países en desarrollo, cuyo objetivo principal era la producción suficiente de alimentos, fueron reemplazadas por la coordinación de políticas agrarias a nivel global, en particular los mecanismos de formación de precios, las cuales están seriamente afectadas por el deseo de los más influyentes de mantener relativamente bajos los precios de los productos agrícolas. Como resultado de estas prácticas, los productores que pueden acumular capital para invertir en mejorar su producción son tan solo aquellos que se benefician de subsidios de gobierno. De la misma manera, la idea del estado minimalista asociada con las ideas Neoliberales, redujo o desmanteló los institutos de investigación agrícola de los países en desarrollo, quedando la poca investigación dirigida por entidades intergubernamentales o de países ricos, las cuales generalmente ofrecen investigación para condiciones diferentes a las condiciones de los países en desarrollo. La distribución del capital y la investigación agrícolas tiene un efecto directo sobre la distribución del capital humano en el sector agrícola mundial. Por ejemplo, mientras en Estados Unidos hay alrededor de dos millones de productores agrícolas con alto grado de educación técnica sobre su trabajo y con capacidad de aplicar las tecnologías desarrolladas por los centros de investigación locales, en Africa subsahariana, con una población rural de 560 millones, el 40 por ciento de la población no sabe leer ni escribir. Lineamientos de política Hay una multiplicidad de lineamientos de política con respecto a la seguridad alimentaria. De ellos la política más utilizada por gobiernos de países en desarrollo es la dictada por organismos multilaterales de financiamiento, la cual esta basada en el pensamiento económico convencional. El pensamiento económico convencional concluye que la maximización de ganancias por parte de los productores es la manera más eficiente de maximizar la producción agrícola a nivel global. Sin intervención del estado, aquellos productores que tienen ganancias las reinvierten eficientemente en maquinaria y capital humano diseñado para, o adaptable a, sus áreas de producción agrícola. Es el productor agrícola quien tiene más conocimiento sobre las condiciones locales de producción y, por tanto, quien puede tomar decisiones acertadas dada una acumulación de ganancias que se traduce en inversión agrícola sostenible. No obstante, los impactos exógenos al sistema productivo agrícola crean una realidad diferente a los postulados convencionales generando asimetrías de distribución de insumos que no permiten la acumulación de ganancias por fuera de aquellos países donde hay productores subsidiados por el estado generando un cúmulo de ineficiencias en el proceso agrícola de producción. Una alternativa al pensamiento económico convencional esta representada por la iniciativa del Programa Mundial de alimentos de la ONU. A partir de este programa se reconoce que el planeta tiene los recursos para alimentar a la población mundial y el potencial para eliminar el hambre y la desnutrición, y señala que las causas del hambre a nivel mundial son en esencia la falta de justicia con respecto a la distribución mundial de alimentos y de empuje político para distribuir alimentos a quienes los necesitan sin tener en cuenta su habilidad para pagar por ellos. No obstante, esta línea de pensamiento no provee una respuesta práctica para una solución alimentaria mundial sostenible. Otra alternativa se refiere a la soberanía alimentaria y propone desmontar las políticas globalizadoras, donde el grueso de la producción agrícola se dedica a las exportaciones y las legislaciones sobre tenencia de la tierra permiten una distribución no equitativa de la superficie dedicada a la agricultura que no cobija los intereses nacionales sobre seguridad alimentaria. Es evidente que sin importar que tan acertado puede ser el desarrollo de políticas nacionales que representen los intereses locales, el solo desmonte de las políticas globalizadoras no es suficiente para el desarrollo sustentable del sector agrícola y el aumento de la seguridad alimentaria. Una alternativa adicional es propuesta por la FAO en el reporte de 2008 sobre El estado de la inseguridad alimentaria. La FAO propone una aproximación dual para contrarrestar la inseguridad alimentaria. Por un lado, medidas que permitan al sector agrícola, en especial a los pequeños productores en países en desarrollo, responder a los precios altos de los productos e insumos agrícolas. Por otro lado se propone redes de seguridad y programas de protección social diseñados adecuadamente para las poblaciones más vulnerables. La FAO reporta que el problema central de mediano plazo es el incremento de los precios de productos agrícolas que ha tenido lugar en años recientes. Los altos precios de productos e insumos agrícolas responden a fuerzas de oferta y de demanda entre las cuales, por el lado de la oferta, se encuentran el cambio de políticas agrícolas en países que son importantes productores de cereales que ha reducido los niveles de existencias de cereales en el mundo, cambios climáticos severos que han reducido la producción de alimentos y el aumento de los costos de transporte y uso de maquinaria asociados al aumento de los precios del petróleo. Por el lado de la demanda, se pueden citar, el mercado emergente de los bio-energéticos que se ha constituido en un origen de la demanda de algunos productos agrícolas tales como el azúcar, maíz, casaba y oleaginosas, el incremento de la demanda de alimentos debido a la urbanización y desarrollo económico de países emergentes tales como India y China. Otras influencias exógenas también han contribuido al incremento de los precios agrícolas, tales como la crisis de los mercados financieros que promueve la especulación en los mercados a término de productos agrícolas. De acuerdo con estadísticas de la FAO, 75 por ciento de los hogares rurales y 97 por ciento de los hogares urbanos son compradores netos de alimentos. Dado que dos terceras partes de la población rural mundial generan su ingreso con el producto de la actividad agrícola en superficies de menos de dos hectáreas, es evidente que los esfuerzos de aumentar la producción agrícola deben enfocarse a incrementar la productividad de los pequeños productores. A este razonamiento se añade que el incremento de productividad en la producción de alimentos a pequeña escala, por oposición a los productos agrícolas de uso industrial, garantiza la existencia de alimentos en los hogares rurales y aumenta los excedentes para la venta nacional o eventual exportación. |
| Última actualización el Martes, 29 de Septiembre de 2009 15:25 |